ABC Madrid, July 20, 2016

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Música

Costello, la importancia de llamarse Elvis

»La autobiografía de Elvis Costello es un libro imprescindible, inevitable e impepinable para entusiastas y seguidores. Pero también es absolutamente recomendable para menos fanáticos

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Julián Hernández

Si Declan Patrick MacManus (Londres, 1954) no hubiese utilizado el nombre artístico de «Elvis Costello», probablemente no lo conocerían ni en su casa a la hora de comer; por poner un par de ejemplos más cercanos, es como si Enrique Ortiz no se hubiera llamado a sí mismo «Bunbury» o María Antonia Alejandra Vicenta Elpidia Isidora Abad Fernández no hubiera adoptado el nombre de «Sara Montiel». Esta conciencia temprana de que el nombre propio es claramente impropio a la hora de emprender una carrera artística es, sin duda, admirable.

Declan nació en una familia católica de origen irlandés apenas nueve años después del final de la Segunda Guerra Mundial. (Para que nos hagamos una idea, es justo el tiempo transcurrido desde la quiebra de Lehman Brothers en 2007, pistoletazo-estafa de salida de la crisis que, aún a día de hoy, sirve de excusa para todo tipo de tropelías.) Hijo de Ross MacManus, trompetista y cantante, el joven-que-sería-Elvis creció pues inmerso en un ambiente musical que abarcó dos mundos: el de las orquestas de baile y entretenimiento de su padre y el del advenimiento de los Beatles. La predestinación para dedicarse a la música sólo tuvo un impedimento, por fortuna breve: el hecho de que su padre abandonara a su madre impulsado por una desmedida afición a las faldas cuando andaba por el mundo adelante con la orquesta. Y sí, Declan dudó, pero pronto adoptó el apellido Costello que había utilizado su padre como nombre artístico.

En zigzag

El «Elvis» vino de la mano de Jake Riviera, su mánager en Stiff Records, primera discográfica de nuestro hombre. El personaje -con gafas de pasta enormes, Fender Jazzmaster y aire a Buddy Holly- llegó al sitio adecuado en el momento justo: la revolución británica de mediados/finales de los setenta del siglo pasado. Y «Elvis Costello» no sería el único alias que utilizaría a lo largo de su carrera…

La autobiografía que ahora publica Malpaso primorosamente (sólo ensombrece la abundancia de erratas) es un buen tocho de casi ochocientas páginas de ritmo trepidante y momentos tan emocionantes como ácidos, algo que la emparenta con la música de su autor. El Elvis Costello narrador de su propia vida, que contribuye a la edición con fotos personales inéditas, evita la linealidad temporal habitual en esta clase de relatos («nací aquí, crecí así, aprendí algunas cosas, me dediqué a lo que me dedico, las pasé canutas, hice esto, hice aquello y llegué a donde estoy»), pero en ningún momento el libro da sensación de caos: salta en el tiempo adelante, atrás y a los lados con la agilidad que se requiere para bailar la «yenka».

Este zigzag espacio-temporal, bien trenzado como está, resulta entretenidísimo y nos hace desear volver a episodios infantiles y juveniles en vez de aborrecerlos al cabo de doscientas páginas seguidas. Esto por un lado. Por otro, da una sensación de verosimilitud y sinceridad mucho mayor que si se procediera con el orden cronológico de los acontecimientos.

La ingenuidad de los recuerdos infantiles, la gloria, los trucos y consejos sorprendentes, la miseria, el trabajo a destajo, las colaboraciones, los episodios de intoxicación, las infinitas historias y anécdotas con mucho trasfondo, el entusiasmo por la música de todo tipo (¡ah, músico infiel!), las reflexiones, los «mea culpa»: nada se da de codazos en ningún momento. Elvis Costello no es tonto: ¿qué sentido tendría una «auto-hagiografía» a estas alturas?

Así que las cosas claras y el chocolate espeso como la sangre. La abundancia de letras de canciones, propias y ajenas, que se desparraman por el libro confirma que a Declan/Elvis le importa que sus textos sean algo más que relleno y/o disculpa para que un cantante de «rock» cante, que decía Mick Jagger. Por si fuera poco, ya de entrada, establece diferencias entre el oficio de poeta y el de letrista. La palabrería sobre la «poesía del "rock"», que con pomposo afán de dignificar el oficio se esgrime más de lo deseable, queda barrida de un plumazo. Que se metan el Nobel por donde les quepa.

En diciembre de 1977, durante su primera aparición con los Attractions en «Saturday Night Live», Elvis Costello paró la introducción de «Less Than Zero» (la canción prevista) e interpretó «Radio Radio», tema expresamente prohibido por el programa debido a la carga de profundidad contra la comercialización de la música en las ondas que contenía. La repercusión mediática del gesto fue enorme y Costello dio un paso de gigante justo al principio de su carrera. Sus letras, efectivamente, significaban mucho.

Un tipo normal

Es hora de confesar (por si no se sospechaba ya) que el que suscribe es muy fan de Elvis Costello desde que escuchó su primer «single», que fue precisamente «Less Than Zero». Y cierto es: este es un libro imprescindible, inevitable e impepinable para entusiastas y seguidores. Pero también es absolutamente recomendable para menos fanáticos. El requisito indispensable es tener un mínimo interés por la «alta cultura popular» (no es un oxímoron) del último cuarto del siglo XX y lo que va del XXI. Y no sobra la curiosidad por la anterior a 1975, que Elvis Costello lleva más de media vida apareándose (artísticamente) con gentes de ayer, hoy y siempre.

La lista de personajes que desfilan por estas páginas es apabullante. No hay índice onomástico en el libro, pero no se echa de menos: más bien todo lo contrario. Al fin y al cabo, tal índice resultaría ser una especie de «spoiler» gigantesco. No podríamos evitar recurrir a él y nos perderíamos la sorpresa de cada aparición. No queda más remedio que leer, folks.

Declan MacManus, un tipo normal y accesible, está casado con Diana Krall, una diva del jazz.

Tiene tres hijos.

Si se intercambiaran los adjetivos del título, su libro de memorias resultaría igual de magnético: «Música invisible y tinta infiel».

«Música infiel y tinta invisible». Elvis Costello

Varios traductores.Malpaso, 2016. 800 páginas. 29,90 euros. E-book:13,99 euros

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ABC Madrid, July 20, 2016


Julián Hernández reviews Música infiel y tinta invisible (Spanish translation of Unfaithful Music & Disappearing Ink)

Images

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Elvis Costello, siempre con su guitarra a cuestas Photo credit: James O'Mara.

Unfaithful Music & Disappearing Ink cover.jpg

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