Efe Eme, January 2001

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Efe Eme

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Elvis Costello

Uno de los nuestros

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   Luis Lapuente

Su figura desgarbada, sus malos modales y sus canciones memorables fueron una de las señas de identidad de la new wave británica. Hace un cuarto de siglo, Elvis Costello parecía compartir imagen y destino con lunáticos del pop instantáneo como Nick Lowe y Graham Parker, pero el tiempo le ha situado más cerca de Randy Newman y Bob Dylan, maestros en el arte de desafiar etiquetas, romper moldes y alimentar melodías resplandecientes con textos mordaces y descreídos. Estos días, Costello afronta la reedición (por capítulos) de toda su discografía, una excusa inmejorable para aproximarse al personaje con mentalidad de cirujano. Luis Lapuente introduce el bisturí.

Como casi todos los grandes solistas de la historia del rock (Dylan, Cohen, Neil Young, Van Morrison...), Declan MacManus acertó a debutar con un álbum de sabor clásico, una obra maestra incontestable que marcó su época y definió a su autor como líder de toda una generación. Pero, también como los grandes, supo trascender los límites de aquella primera entrega y madurar en distintas direcciones con mentalidad de explorador consciente de su talento y ajeno a las modas y los cantos de sirena de la industria: tanto que ha llegado a establecerse en Dublín, una ciudad tranquila y amable, muy lejos del epicentro del pop británico, ese Londres asfixiante, vacuo y narcisista que él tanto desprecia. En realidad, cuando apareció My aim is true, el joven cantante de las gafas de concha ya tenía un trabajo estable y una familia que alimentar: nada más ajeno a la febril agitación antisistema de los Sex Pistols y otros iconos del punk. De hecho, Costello sólo tomó la decisión de profesionalizarse como músico una vez que Jake Riviera pudo garantizarle un sueldo equivalente al que recibía como programador informático, "cosa bastante fácil, ya que mi salario entonces era bastante modesto". Así que el gran portaestandarte del punk y la new wave era un padre de familia harto de la sociedad hipócrita y conservadora de la era Thatcher, un agudo letrista y un compositor inteligente que había crecido escuchando jazz y música clásica y que amaba el pop de The Kinks, el rock de The Band y el soul de Motown. La historia demostraría enseguida que ése era el eslabón más lógico en la cadena evolutiva del pop británico, el que enlaza a los últimos Beatles con David Bowie y hermana a ambos con Bob Dylan, Smokey Robinson y Tim Buckley.


Los nombres y los alias

Salvando las distancias, Elvis Costello es a Declan McManus lo que Cary Grant a Archibald Alexander Leach. Al principio, apenas una máscara con la que reclamar ese plus de atención necesario cuando empiezas. Más tarde, una marca, una seña de identidad reconocible. Finalmente, una leyenda.

En realidad, la afición por los nombres raros y los alias le viene a Costello de familia. A su padre, Ronald, todo el mundo le llamaba Ross. Su madre tuvo otros cuatro hijos con su segundo marido, y los llamó Ronan, Liam, Kieran y Ruari respectivamente. Claro que ellos no fueron luego tan rebuscados a la hora de bautizarse artísticamente (Manus) con el apellido familiar.

Declan sí: cuando formó su primera banda barajó dos apelativos un tanto bizarros (The Bizario Brothers y The Mothertruckers, juego de palabras entre trucker —camionero— y motherfucker —algo así como hijoputa—) para decantarse al fin por Flip City. Ya como solista, empezó a actuar en público como DP Costello, pero esta elección resultó más sencilla: Costello era el apellido de soltera de su abuela paterna. Fue después el mismísimo Jake Riviera quien cambió las siglas DP por Elvis, en homenaje a ya-sabes-quien, y le impuso a Declan McManus el definitivo alias de Elvis Costello (por cierto, Riviera también es un pseudónimo; el auténtico nombre del ex capo de Stiff es Andrew Jakeman).

¿El alias definitivo? Bueno, no tanto. A lo largo de su carrera, nuestro héroe se ha escondido bajo otras máscaras más o menos reconocibles: The Imposter (así firmó en la época de Punch the clock), The Costello Show (& The Confederates), Declan Patrick Aloysius MacManus, Napoleon Dynamite & The Royal Guard, Uncle Brian (cortesía de sus amigos de The Pogues), The Little Hands of Concrete (éste se lo puso Nick Lowe), MacManus Gang (en el single "A town called Big Nothing", de 1987), The Emotional Toothpaste, Eamonn Singer, The Coward Brothers (él era Howard Coward, y su supuesto hermano, T-Bone Burnett) y The Hungry Years. Además, ha terminado contagiándole la afición a sus compinches (Steve Nieve, el teclista de The Attractions nacido Steve Nason, utilizó el alias Maurice Worm en el álbum Goodbye cruel world).


Las colaboraciones

Aquí habría un extenso capítulo aparte para el personaje aficionado a saltar barreras estilísticas, a diseminar piezas originales en bandas sonoras de películas, a producir a colegas de variado pelaje y a aparecer en discos colectivos de tributo a otros artistas.

El músico capaz de escribir un puñado de miniaturas pop para Wendy James y de componer piezas clásicas para la London Philarmonic Orchestra, el Brodsky Quartet o la mezzo-soprano Anne Sofie Von Otter. De entregarse sin reservas en los celebrados proyectos del productor Hal Willner sobre Charlie Mingus (Weird nightmare) y Kurt Weill (Lost in the stars). De colaborar en discos de tributo a amigos (Nick Lowe) y héroes de juventud (Grateful Dead, Van Morrison, Roy Orbison, Arthur Alexander, Ray Davies). De prestar su voz y su talento al paisaje musical de películas más o menos recomendables, como Straight to hell, Americathon, Party party (el tema homónimo, según propia confesión, es el peor de su carrera), El gran Lebowski, Rugrats, Notting Hill o Austin Powers, entre otras. De contribuir a distintos proyectos benéficos (Concert for the people of Kampuchea, Live Aid, Live for Ireland, Rock against racism) sin perder su personalidad ni su criterio. De trabajar igual con Robert Wyatt que con Paul McCartney, con Brian Eno que con Chet Baker, con Bill Frisell que con Roger McGuinn, con Bob Dylan que con Rubén Blades. De acompañar con orgullo estos días a la Mingus Big Band, mientras completa un ciclo de doctorado en la UCLA de Berkeley. De producir, en fin, a The Specials, The Pogues, Squeeze y Nick Lowe (en 1984: Nick Lowe and his Cowboy Outfit) con el mismo entusiasmo y el mismo magisterio. El genuino camaleón.


La prensa

"La mejor manera de arreglar lo que opinan algunos periodistas es una buena bofetada." Son legendarias las peleas de Costello (y de su amigo y protector, Jake Riviera) con la industria discográfica, pero aún lo son más sus desencuentros con la prensa musical, especialmente la británica y la estadounidense. A los plumíferos de su país, especialistas en criticar con saña sus trabajos menos ortodoxos, les ha dedicado desde el principio frases envenenadas ("son como un burro con dos orejeras, se creen el ombligo del rock") y desprecios salvajes ("el problema del pop británico es la cantidad de obstáculos que ponen los críticos"), apenas suavizados desde la lejanía de su residencia en Dublín.

En paralelo, el primer encontronazo serio del cantante con los medios de comunicación norteamericanos llegó en 1979, a partir de una pelea de bar con la legendaria vocalista Bonnie Bramlett y otros miembros de la banda de Stephen Stills. Parece ser que, en un momento de la refriega, Costello deslizó algunos comentarios despectivos sobre Ray Charles, que fueron magnificados por la prensa como proclamas racistas (y minimizados públicamente por el propio Charles) y dañaron seriamente su carrera en aquel país. Cuatro años más tarde, con motivo de la edición del álbum Punch the clock, en Rolling Stone dijeron que Costello parecía a medio camino de convertirse en un simple gacetillero. Él contestó, displicente, que en esa revista "tenían que saber bastante del asunto, ya que todos sus colaboradores habían recorrido el camino entero hasta la profesión de simples gacetilleros".


The Attractions

Aunque el propio Elvis Costello ha ratificado una y otra vez su afinidad artística y personal con Bruce Thomas y, sobre todo, Pete Thomas y Steve Nieve ("una de las razones para ralentizar mi producción en los años noventa fue la ausencia de una banda estable a mi lado, como en los viejos tiempos, función que nunca llegaron a desempeñar The Confederates"), no siem-



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Efe Eme, No. 35, January-February 2001


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