La Nación, August 21, 2001

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Entre la ópera y el pop

Anne Sofie von Otter y Elvis Costello grabaron un disco juntos

Allan Kozinn and Neil Straus

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NUEVA YORK.- A simple vista, "For the stars", el nuevo disco de la cantante de ópera Anne Sofie von Otter y el astro del rock Elvis Costello, haría suponer que no tendría buena estrella. Von Otter, la mezzosoprano suiza, es sumamente admirada por sus dúctiles interpretaciones de canciones de cámara. Costello irrumpió en el mundo del rock como un mordaz representante del punk británico. La imagen de un "joven airado" es lo que Sofie von Otter tenía en mente cuando conoció a Costello a principios de los 90, aunque para entonces había madurado e incursionado en el jazz y en la música country y clásica.

Lo que no ha cambiado de Costello es una integridad musical que evitó que sus aventuras eclécticas se convirtieran en meras cuestiones superficiales. Eso y la musicalidad de Von Otter, y la manera en que la cantante de ópera alumbra la esencia emocional de una canción, contribuyeron a transformar el oscuro e introspectivo "For the stars" en un álbum conmovedor.

En entrevistas por separado, Von Otter y Costello analizaron su proyecto. Sea cual fuere la descripción que uno haga de "For the Stars", en el álbum que grabaron juntos -o en cualquiera de los futuros proyectos combinados más allá de la música clásica que ella tiene previstos- probablemente la palabra crossover no ofendería a la mezzosoprano suiza, sino que la halagaría.

"No creo que sea una mala palabra", afirmó Sofie hace poco por teléfono desde París, donde a causa de un resfrío esa noche no pudo interpretar "Ariodiante", de Händel, en el Palais Garnier. "A mí me da la idea de una polinización cruzada. Para algunos la palabra crossover tiene un tufillo comercial, pero no para mí", añadió.

En casi 20 años de carrera y más de 80 discos, Sofie von Otter jamás había intentado una combinación con la música pop. Lo más lejos que se había apartado de la ópera y de las canciones de cámara acaso haya sido un álbum de música navideña de 1999, en el que grabó un par de villancicos.

"The West Side Boys y todo eso no es mi especialidad", afirmó Von Otter, refiriéndose de una manera un tanto imprecisa a la reinante tendencia popular de bandas como Backstreet Boys.

De modo que cuando decidió embarcarse en un proyecto combinado con la música pop, su primera reacción fue de temor. "Me sentía muy insegura. ¿Qué pensarán de una cantante de ópera estos grandes exponentes de la música pop?", comentó.

Por suerte, la falta de admiración no fue un problema en el estudio. En parte, la belleza de "For the stars" es que sus creadores trabajaron con gran respeto mutuo aunque no tuvieran una larga experiencia ni gran conocimiento respecto de sus respectivos mundos, particularmente en el caso de Von Otter. En cambio, se juntaron en la mitad del camino.

Fue un lugar de reunión gestado lentamente, durante dos años, con intercambio de cartas y grabaciones inclusive, y ante Von Otter se reveló un nuevo mundo de cantantes y compositores, a varios de los cuales jamás había realmente escuchado. Entre ellos, el propio Costello (cuyo “Almost blue”, un álbum atípico de versiones de música country, era su favorito), Ron Sexsmith (que le gustó inmediatamente), y Tom Waits, a cuya voz ronca (como un graznido, según las propias palabras de Von Otter) le costó acostumbrarse. Además, figuraban canciones de compositores mundialmente conocidos, como Paul McCartney y Brian Wilson.

Después de seleccionar el programa, el desafío fue decidir el modo de interpretación. La voz de Von Otter está nutrida de contrastes: es hermosa, pero triste; dulce, pero seria; vigorosa, pero educada. Para el proyecto conjunto, sin embargo, quiso variar su canto adoptando un estilo filoso, pero se encontró con la oposición del propio Costello.

“Generalmente, cuando interpreto mi repertorio de canciones de cámara con acompañamiento de piano, trato de introducir cambios, de hacer algo distinto. Pero en este caso, tan pronto trataba de variar mi voz, Elvis se irritaba y hasta llegó a decirme que fuese honesta con mi interpretación”, recordó la cantante.

En lugar de proyectar su voz y usar su clásico vibrato, Von Otter debió contener sus vocales porque Costello insistía en que mantuviera el micrófono cerca para lograr un sonido pop más íntimo y aspirado.

En lugar de grabar el álbum en una o dos sesiones con el programa ensayado, como se hace en la mayoría de los casos, Von Otter debió cantar varias veces cada línea, con gran consternación de su parte, hasta dar en la tecla. En lugar de trabajar con quien la acompaña habitualmente en sus recitales, el pianista Bengt Forsberg, debió hacerlo con Steve Nieve, el pianista de la banda de Costello, y le costó mucho acostumbrarse a él en un par de canciones. Y en lugar de trabajar con barítonos como Bryn Terfel, debió afrontar la adenoidea voz de Costello.

“No es fácil cantar con él –confesó la cantante–. Cuando tratamos de cantar al unísono nuestras voces no se combinaban bien. Elvis también lo percibía. De manera que, en el álbum, no cantamos al mismo tiempo. Elvis me contó que le había pasado eso antes y que no es fácil combinar dos voces, particularmente cuando uno canta al estilo de él y el otro, como en mi caso, que tengo una voz educada y moldeada al estilo de la vieja escuela.”

Sea cual fuere la descripción que uno haga del proyecto conjunto entre Elvis Costello con la mezzosoprano Anne Sofie von Otter –o, al respecto, el trabajo de Costello con el compositor Burt Bacharach, el guitarrista de jazz Bill Frisell, o el Cuarteto de Cuerdas Brodsky– es mejor no usar la palabra crossover ante su presencia. Elvis la llama la temible “C”.

“Para mí, es sólo música –respondió por teléfono desde su casa de Dublín–. Prefiero decir que hagamos música y veamos si le agrada a la gente.”

Costello y Von Otter se tomaron su tiempo; se conocían desde hacía varios años, precisamente desde 1989, cuando la esposa del cantante, Cait O’Riordan (ex integrante de Pogues, una banda folk-punk irlandesa), lo llevó, en Londres, a la representación de “La condenación de Fausto”, de Berlioz. Fascinado por la interpretación de Von Otter, Elvis comenzó a concurrir a sus conciertos cada vez que podía, y le enviaba ramos de rosas. Posteriormente, se conocieron personalmente y entre ellos comenzó una amistad sustentada más en el interés de él en la música clásica que en el interés de ella en la música pop.

“En realidad, fue el esposo de Anne Sofie quien sugirió que deberíamos trabajar juntos. A mí no se me había ocurrido”, expresó Costello.

En 1996, ambos realizaron sendas interpretaciones junto con la Orquesta Sinfónica de la Radio Sueca. Ella cantó temas de Richard Strauss y él, canciones propias. Juntos cantaron “My ship”, de Kurt Weill, y, en una tarde invernal de Estocolmo, “Baby, it’s cold outside”, de Frank Loesser. Luego ella comentó acerca de grabar un disco. Costello le envió cartas y una serie de grabaciones que podrían adaptarse a la voz y la personalidad de la mezzosoprano suiza.

“Traté de no dejar nada librado al azar. Una vez que nos conocimos más a fondo, hablamos con más soltura, como uno hace con cualquier grupo de músicos. Hubo una especie de contacto mágico, y recibí varias cartas de Anne Sofie, escritas con una hermosa caligrafía, en las que volcó su particular forma de pensar respecto de ciertas canciones.”

Mantuvieron varias reuniones en busca de material, y no siempre se pusieron de acuerdo después de interpretarlas juntos. Costello señaló: “Entre ellas, «Here’s that rainy day», de James Van Heusen, o «How Insensitive», de Antonio Carlos Jobim, o «Real emotional girl», de Randy Newman, todas canciones estupendas. Quise que el álbum llevara como título el nombre de esa última canción, pero a ella no le gustó interpretarla”.

Cuando comenzaron las sesiones en octubre último, grabaron 27 canciones, 18 de las cuales formaron parte del disco (además de una decimonovena, “You go to my head”, de Haven Gillespie y J. Fred Coots, en una edición japonesa). Los músicos fueron mayormente suecos, convocados por Von Otter, aunque Costello incorporó algunos, entre ellos, el tecladista Steve Nieve.

“La palabra propiedad fue algo que discutimos mucho –indicó Costello–. Debíamos tener canciones que ella pudiera poseer, que pudiera cantar sin que quien la escuchase la comparara con otras versiones. Por ese motivo evitamos grabar canciones famosas. Además, creo que una canción como «Don’t talk (put your head on my shoulder)», de Brian Wilson, merece ser cantada en alguna parte del mundo todas las noches. No pretendo sugerir una competencia con las canciones clásicas, pero no hay razones para suponer que los compositores de estas canciones se tomaron su trabajo con menos seriedad. Y ése es uno de los errores de los temidos discos de crossover: los intérpretes a menudo suenan como si no confiaran en el compositor y deben iluminarlo en cierta manera. Y es una lástima, porque si sencillamente se distendieran, sería más divertido y no sonarían tontamente. Anne Sofie comprendió eso perfectamente.”

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La Nación, August 21, 2001


Allan Kozinn and Neil Straus review For The Stars. This article also appeared in the New York Times. Translation into Spanish by Luis Hugo Pressenda.

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Von Otter amplía horizontes: Photo credit: AP.

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