Las Palmas Provincia, June 3, 2008

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LOS SOMBREROS DE COSTELLO


Alejandro Zabaleta


No conocí a Elvis Costello a través de sus discos, sino por un prólogo que firmó para un libro de partituras del jazzista Charlie Mingus.

En unas bonitas líneas, aquel cantante de voz constipada y gafas de pasta, al que las enciclopedias del rock venían condenando al insulso capítulo de la new wave, mostraba una sensibilidad inusual para un rockero ante la difícil creación del autor de Pithecantropus Erectus. Acudí entonces a la música de Costello, pero encontré poco de lo intuido en el prólogo. Por contra, me topé de bruces con unos cuantos ejercicios de estilo y melodías amigables, canciones que parecían desmentir al diseccionador de Mingus.

Estábamos a mediados de los años ochenta, y desde entonces Costello no ha parado de ponerse trajes distintos, de desviarse de los caminos, hasta el punto de hacer del desvío su senda habitual. Consiguió rescatar de la abulia a Paul McCartney para dejar al menos una obra maestra, So like Candy; concibió un disco epistolar en comandita con el Brodsky Quartet; desempolvó todos los terciopelos junto a Burt Bacharach y sí, se atrevió finalmente a llevar al escenario la música de Mingus. Quien tanto arriesga no siempre sale bien parado, y en estos experimentos hay muchos aciertos y algún error. Pero es admirable la inquietud que impulsa a un tipo que consiguió su último gran éxito versionando excéntrico a Charles Aznavour.

Hay tantas cosas interesantes en la penúltima discografía de Costello, incluido un álbum de lecturas ajenas sobre canciones suyas semiolvidadas, con el mismísimo Chet Baker recitando Almost blue. Una de sus creaciones más bonitas, North, metaforiza en términos climatológicos y geográficos su relación sentimental con la glacial Diana Krall. Hasta tuvo el inspirado detalle de nombrar a una delicada canción All this useless beauty, toda esta inútil belleza. El mismo criterio riesgoso guía sus versiones de otros autores, llegando a hincarle el diente a Gloomy sunday, quizá la canción más triste de la historia de las canciones.

Alguien ha tenido la feliz idea de traernos a finales de este mes al Auditorio Alfredo Kraus a este artista que prefiere dejar guiar su carrera por el acaso, antes de ponerla en manos de la mercadotecnia. No sé qué sombrero estilístico se pondrá, pero yo, ante su música, me quitaré el mío.

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La Provincia, June 3, 2008


Alejandro Zabaleta previews Elvis Costello and the Imposters on Monday 30 June 2008 at Alfredo Kraus Auditorium, Las Palmas De Gran Canaria. Spain.



COSTELLO HATS

Alejandro Zabaleta

English via Google Translate...

In some nice lines, that singer voice constipated and horn-rimmed glasses, which came encyclopedias Rock bland chapter condemning the new wave, showed an unusual sensitivity to a rocker with the difficult creation of the author of Pithecanthropus Erectus. Then I went to Costello's music, but I found some intuited in the prologue. Instead, I ran smack into a few exercises in style and friendly melodies, songs that belied the dissector Mingus.

It was mid- eighties, and since then has not stopped Costello putting different outfits , to deviate from the roads, to the point of making his usual detour path. He managed to rescue from apathy to Paul McCartney to write at least one masterpiece, So like Candy; epistolary conceived a disc with the Brodsky Quartet comandita ; all dusted with Burt Bacharach velvets and yes, they finally dared to stage the music of Mingus. Whoever therefore risks not always fare well, and in these experiments many hits and an error. But the concern is admirable that drives a guy who got his last major success with a cover of the eccentric Charles Aznavour.

There are so many interesting things in the penultimate Costello discography, including an album of readings outside of his half-forgotten songs, with the very [Chet Baker]] reciting Almost Blue. One of his most beautiful creations, North, climatological and geographical metaphors in terms his relationship with the glacial Diana Krall. He even had the inspired detail to appoint a delicate song All this useless beauty. The same criteria guide risky versions of other authors, reaching a bite to Gloomy sunday, maybe the saddest of all songs.

Someone had the bright idea to bring later this month to the Alfredo Kraus Auditorium to the artist who prefers to let his career by guiding the case, before putting it in the hands of marketing. I do not know what stylistic hat you will, but, to his music, I will take away mine.

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